Mi sombra aún me importuna siguiéndome a todos lados, aunque he notado con extrañeza que, muchas veces… soy yo…. quien la persigo.
Creo que camino en círculos. Me sigue… la acompaño… la sigo… me acompaña.
Seguimos fastidiándonos, abrumándonos mutuamente, a excepción de las noches, durante las oscuras noches de estas tierras no tengo idea en donde esta o donde se mete y aunque parezca un contrasentido a esas horas mis tristezas se agravan con todo y su ausencia.
Algo raro ha estado pasando últimamente, la melancolía no se ha ido, nunca se va a ir ya lo sé, pero a veces, ahora que el tiempo va transcurriendo siento que el espíritu está volviendo al cuerpo, es posible que pueda encontrar un equilibrio. A ratos, en esas noches, en algunas, tengo paz, una fantástica paz, creo que la culpa es de este ambiente que me envuelve, que arrebata mis sentidos, que los excita. Me deleito a través de ellos, tantos como sean, seguro más de cinco.
Para evitar quedarme dormido, acostumbro salir a caminar en la oscuridad que empieza alrededor de las 4:30 pm, esto es muy raro para nosotros, así es el invierno al norte del hemisferio, me detengo en un paraje del majestuoso, glorioso, helado bosque, siento un frio diferente, este frio te muerde, te atrapa, tengo una sensación de permanencia, de eternidad, percibo el congelado viento chocando en mi cara y me siento vivo, más vivo que nunca, es como si finalmente hubiera encontrado mi lugar en la tierra.
-Siento que nunca me fui.
En medio de esta euforia aprieto el cuerpo y los dientes con fuerza.
-Aquí pertenezco.
Me pregunto si es verdad que existen otras vidas, o mejor dicho si yo existí en otros tiempos, si tuve otras historias en vidas pasadas, eso podría explicar por qué me obsesioné con venir aquí, precisamente aquí.
Las ciudades tienen un olor característico, ese olor nunca cambia, es su sello, es único, en cuanto pisas tierra lo percibes, no importando cuanto tiempo pase sin que vuelvas, seguro lo sientes cuando regresas. Cuando llegué a esta ciudad y mi olfato me rebeló su alma, tuve una significativa sensación, fué como un… Deja Vu, momentáneamente me sentí en casa, como cuando acabas de volver de un viaje y te sientes reconfortado de regreso en tu vida cotidiana. Probablemente aquí fui feliz.
Creo que camino en círculos. Me sigue… la acompaño… la sigo… me acompaña.
Seguimos fastidiándonos, abrumándonos mutuamente, a excepción de las noches, durante las oscuras noches de estas tierras no tengo idea en donde esta o donde se mete y aunque parezca un contrasentido a esas horas mis tristezas se agravan con todo y su ausencia.
Algo raro ha estado pasando últimamente, la melancolía no se ha ido, nunca se va a ir ya lo sé, pero a veces, ahora que el tiempo va transcurriendo siento que el espíritu está volviendo al cuerpo, es posible que pueda encontrar un equilibrio. A ratos, en esas noches, en algunas, tengo paz, una fantástica paz, creo que la culpa es de este ambiente que me envuelve, que arrebata mis sentidos, que los excita. Me deleito a través de ellos, tantos como sean, seguro más de cinco.
Para evitar quedarme dormido, acostumbro salir a caminar en la oscuridad que empieza alrededor de las 4:30 pm, esto es muy raro para nosotros, así es el invierno al norte del hemisferio, me detengo en un paraje del majestuoso, glorioso, helado bosque, siento un frio diferente, este frio te muerde, te atrapa, tengo una sensación de permanencia, de eternidad, percibo el congelado viento chocando en mi cara y me siento vivo, más vivo que nunca, es como si finalmente hubiera encontrado mi lugar en la tierra.
-Siento que nunca me fui.
En medio de esta euforia aprieto el cuerpo y los dientes con fuerza.
-Aquí pertenezco.
Me pregunto si es verdad que existen otras vidas, o mejor dicho si yo existí en otros tiempos, si tuve otras historias en vidas pasadas, eso podría explicar por qué me obsesioné con venir aquí, precisamente aquí.
Las ciudades tienen un olor característico, ese olor nunca cambia, es su sello, es único, en cuanto pisas tierra lo percibes, no importando cuanto tiempo pase sin que vuelvas, seguro lo sientes cuando regresas. Cuando llegué a esta ciudad y mi olfato me rebeló su alma, tuve una significativa sensación, fué como un… Deja Vu, momentáneamente me sentí en casa, como cuando acabas de volver de un viaje y te sientes reconfortado de regreso en tu vida cotidiana. Probablemente aquí fui feliz.
Tan al norte como sea posible decía mi mente exaltada en los meses febriles previos a nuestra partida de México, ese era mi afán, nunca se lo comente a nadie, dudaba de mi propia cordura. En medio de esta extraña embriaguez que siento… sigo dudando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario