miércoles, 2 de junio de 2010

ETERNA MALDICION DEL QUE SE FUE


TOME MI MULA, MI HEMBRA Y MI ARREO, SEGUI EL CAMINO DEL PUEBLO HEBREO, BUSQUE OTRA LUNA.

Perennemente me siguen mientras la vida me dure a donde quiera que vaya, inseparables como mi propia... sombra... mis sentimientos, más de los que podría manejar sin volverme hondamente melancólico o perturbadoramente maniático, estimulado por lo que ha de venir, con tristeza de muerte por lo que dejo atrás.

Maniaco-depresivo por elección al escoger el autoexilio como forma de vida.

Que motiva a un hombre común a romper tan violentamente con su historia, con su cotidianidad, con el calor de su entorno más próximo, con el cobijo de su cultura, con sus raíces. Porque revisar la concepción misma de la vida, a la luz de nuevos ojos, desde el propio origen pasado ya muchos años atrás. Cómo y cuando llega ese momento. Seguramente a causa de muchas, muchísimas cosas erróneas imposibles de corregir. Hace ya siete años y todavía no lo sé bien a bien. Tengo una infinidad de posibles respuestas que coexisten con otro tanto más de dudas, miles de combinaciones resultantes que estoy cierto nunca voy a poder explicar.

Inicié el trapicheo con la misma torpeza que mostraría un árbol intentando dar sus primeros pasos luego que ha logrado liberarse de las raíces que le dan vida, que le nutren, que le estabilizan. Intentando aprender a caminar cuando ya crecido, las costumbres muy arraigadas y las rodillas rígidas. La vida es ya por si misma muy complicada pero dejar una y empezar otra es muy difícil.

Un pequeño grupo se desprendió con la idea de colonizar otras tierras, mi fiel y valiente esposa que ha compartido todos mis sueños y extravíos me siguió sin dudar, nuestros dos hijos, un jovencito que como becerro empieza a sentir brotar las puntas de sus cuernos y que quiere topetear todo cuanto se le pone enfrente y una preciosa nena casi adolescente, fragante florecita que es mi debilidad.... Creo que el líder era yo.

Los nuevos lugares, diferentes personas y costumbres, otras culturas y olores, idiomas, reglas, pero sobre todo… la nostalgia.
 Como se extraña la suave presencia de mamá y el reconfortante santuario que es su cocina, como se extraña la presencia tranquilizadora de papá que te da seguridad y guía, como se extraña la compañía y amistad de los hermanos que sabes que se matan por ti, como se extrañan tantas y tantas cosas, las reuniones familiares donde te duele la cara y el cuerpo por tanto reírte. Es como separarse de la tribu y de su protección, en adelante estas solo y por tu cuenta, el grupo ya no puede respaldarte y no queda más que hacer de tripas corazón y saber que el porvenir por duro que venga lo tienes que enfrentar solo y a muerte... eso inquieta.

Terrible sentimiento, tenía que hacer algo terminante para espantar al perro negro que come las entrañas cuando caes en esa honda melancolía, esa que no te permite avanzar, un lastre.
Todo depende de ti.... Hazlo… y lo hice.
Repetí el ritual del pescador, con un pequeño cuchillo con mango de piel de víbora verde, como el de la bruja y de frente al mar, al mar helado que nunca había sido mi mar, dando la espalda a la luna, a la otra luna, corté sobre la arena congelada mi sombra a la altura de los pies donde esta se unía con el cuerpo tratando de desprenderme de mi alma atormentada, después le grite con toda mi voz tantas veces para que se fuera con todas mis tristezas.
Por supuesto que no resulto...  lo intenté.
Comprendí la primera de muchas lecciones que me daba la nueva tierra.
Los lazos familiares son indestructibles y para bien y para mal hay que llevarlos a cuestas por la vida, aunque duela tanto la distancia.

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