miércoles, 15 de septiembre de 2010

Nuestra Casa

Nuestra casa estaba triste, eso se le notaba fácilmente, podía sentirse su aflicción, su desconsuelo, su abatimiento. Así, despertó, o quizá, igual que yo casi no durmió, yo acostumbro desde siempre dormir poco, pero esa noche fue diferente, esa noche no tuvimos paz, no sentimos el bálsamo reconfortante de la oscuridad como tantas y tantísimas otras veces, tibias noches, cuando todos menos yo,….menos la casa y yo,… dormían. En esos otros tiempos, con alegría esperábamos que llegara el momento, era la mejor hora del día, juntos como compañeros, cómplices, cerrábamos sus puertas y el mundo quedaba afuera marginado,…..nos frotábamos las manos, y entonces empezaban las horas, largas horas cuidando de mis amores, sintiendo su querida presencia, y…reflexionando. Disfrutaba tanto ver a mi esposa en una agradable semioscuridad, durmiendo plácidamente, abandonada en un profundo sueño, con su alma tranquila, sin tribulaciones… confiada, resguardada, cobijada en nuestro hogar dormía casi sin necesidad de aliento. Yo “patrullaba” la casa, --así le llamo burlonamente a esa usanza mía de ir y venir en la penumbra por todos los rincones de la casa.-- Invariablemente la noche inicia en mi cuarto, en mi cama, con mi mujer, más tarde cuando el silencio se puede escuchar, me levanto y recomienzo con esa extraña costumbre-ritual, no me acuerdo cuando empecé a hacerlo, me imagino que luego del nacimiento de mi primer hijo, aunque bien pudo haber sido mucho antes. Me gusta dormir a ratos, en diferentes estancias y habitaciones, lugares y camas, a veces incluso en el jardín. También les llamo noches itinerantes. Me fascina y tranquiliza ver a mis hijos cuando están soñando,... y sus caras cándidas, percibir su dulce olor, compartir su cama, pego mi cara a las suyas e inspiro sus suaves respiros, hago mío su delicioso aire ya respirado. Después, antes del amanecer, como los vampiros, como la extraña criatura que soy, siempre regreso al lecho y a mi compañera por las horas de sueño más profundo y reparador.

Esa es, ha sido y será mi labor en este mundo. No me cabe duda que desde el principio mismo de los tiempos, los machos existimos primariamente para cuidar a nuestra familia, lo tenemos tatuado en nuestros genes, algunos lo entendemos como un privilegio que se debe disfrutar.

A lo largo de los años durante esas noches, muchas noches, imagine y soñé primero, lo que poco a poco tomaría forma, con todo y sus detalles y que estaba a punto de ocurrir, o mejor dicho, que ya estaba ocurriendo. El mecanismo del artefacto estaba activado y ya no se detendría,…..como en esas malas películas, la cuenta regresiva había empezado, no se propiamente cuando, creo que años atrás, pero lo que si sabía es que podía explotarme en la cara en las próximas horas, días, semanas, o no sé cuando,.... ojala que nunca.
Por supuesto, el temor es natural, y llega en un instante, sabía que venía,  lo esperaba….Igualmente me sobrecogió. 
Surgieron las interrogantes de último momento.
Habremos tomado una buena decisión.
Por que irnos si nuestra vida no es mala.
Podremos realmente adaptarnos y tener una vida mejor.
Estaremos haciendo lo correcto para nuestros hijos.
Habrán de corromperse nuestros hijos en otra sociedad.

Es un momento único en la vida, vamos a perseverar persiguiendo nuestros sueños,… si tenemos suerte nos va a ir bien.
Solo el tiempo podrá respondernos si tuvimos razón.
Lo que si se con certeza es que voy a poner mi alma en esto para que la respuesta al final sea la esperada    -No nos equivocamos.-

La noche fue larga,.... y a la vez corta, todos la pasamos agitados, ahora con el corazón atribulado, con sentimientos encontrados, tristes, pero deseando lo mejor, ansiosos de arremeter la nueva vida.
La casa era un desorden, los closets vacios, maletas por todos lados, previamente habíamos almacenado casi en su mayoría, las cosas materiales más preciadas de nuestra vida, las que habíamos atesorado desde que fundamos nuestra familia, dibujos de los niños, fotografías, algunas ropitas, libros. Lo demás, simplemente lo regalamos, queríamos estar ligeros de equipaje, solo podíamos llevar algunas pocas cosas con nosotros, Ese fue el motivo por el que decidimos hacer nuestro viaje de 5000 Km. en nuestra camioneta. La idea era, aunque creo que parecía muy raro, escoger y acomodar lo mejor posible, lo que nos diera continuidad, permanencia, lo más querido, principalmente por nuestros hijos, eso creíamos,… seguramente también lo hicimos por nosotros mismos.

 Sí, la casa estaba triste, abatida, herida en lo más profundo,... y como más podría estar, si yo, me estaba llevando su alegría, su alma, su razón de ser…. los niños que nacieron y hasta ese día crecieron a su abrigo. Qué bien los cuidó,......... por desgracia a ella no pude llevarla.

Todos nos despedimos de nuestra querida casa, todos con ojos nublados…. en la oscuridad. Partimos antes del amanecer del sábado con la cara volteando al futuro que se nos venía encima, llenos de expectativas, esperanzas y sueños, como modernos conquistadores, en nuestra carreta, ligeros de equipaje, pero cargados,…. muy pesados del alma.

2 comentarios:

  1. Que días aquellos, que momentos! lo recuerdo todo claro como el agua; que atemorizante y a la vez reconfortante era ese sentimiento de ir a descubrir nuevas tierras los cuatro juntos. Creo que en realidad todos nos sentíamos mas tranquilos que asustados, a final de cuentas nuestro líder lo podía todo. Yo me quede exiliado en nuestros descubrimientos, como embajador de la familia en estas latitudes del mundo; como un recordatorio de que también de aquí hicimos un día nuestro hogar y fuimos felices los cuatro juntos.

    Los extraño mucho, un beso papá tengo muchas ganas de escucharte deambular por los pasillos, o toparme contigo en la oscuridad de la casa en uno de mis viajes furtivos a la cocina.

    Te quiero mi viejo

    Tato

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  2. Cada vez que lo leo, se me nubla la vista, es tristeza y es alegría, son recuerdos y también son planes para el futuro.
    Yo

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