martes, 20 de julio de 2010

La Partida.

Viernes 19 de diciembre de 2003.


Como cualquier otro viernes, abrí y cerré el negocio al que le había dedicado los últimos 14 años de la vida, de 7:00 A.M. a 7:00 P.M. Temprano en la mañana pensé con absoluta claridad que ese era el último día, todo estaba de cabeza, tenia mil pendientes imposibles de acabar, trate de enfocarme y empecé a trabajar ansiosamente en algunos de ellos, como era de esperarse al final del día no había terminado ninguno, en ese momento me molesto mucho, lo cierto es que no hizo ninguna diferencia. Contrario a lo que pensé, no sé por qué pero ninguna de las tareas que elegí era realmente importante, eso retrata el estado que guardaba mi mente.

Dos meses antes habíamos fijado finalmente una fecha límite para la partida, Hacia 10 años desde que la idea cruzó por primera vez en mi mente, fue durante el famoso error de diciembre, cuando los intereses que cobraban los bancos se dispararon arriba del 100%, eso pasó de un día para otro, era imposible pagar los prestamos que adquirimos para financiar nuestra pequeña empresa y para comprar nuestra muy querida casa amarilla y verde.
Como miles de personas en todo el país trabajábamos duro y cumplíamos con nuestros compromisos, ahora sin embargo, en medio de esa nueva crisis verdaderamente no sabíamos que nos deparaba el futuro, en esta ocasión, no teniamos ni siquiera idea por culpa de quien estábamos prácticamente quebrados y a punto de perderlo todo. En esos momentos de frustración emigrar apareció como una de nuestras opciones, 10 años después y luego de mil acontecimientos faltaban apenas horas para la partida, el sábado a primera hora estaríamos en camino.

 El día pasó volando y nada estaba terminado. Eran las 7:00 P.M. estabá oscuro como en diciembre a esa hora...ya era de noche, el lugar estaba desierto. Tuve que cerrar por última vez mi negocio, lo hice después de despedirme en silencio y soledad de las cosas, me tomé un largo rato, nunca imagine que me costaría tanto trabajo, eran solo paredes y cosas… también era mi vida... mi día a día, mis sueños, mis esfuerzos, mis esperanzas... El capitán estaba abandonando el barco...Asi lo sentí. Apagué las luces, tenía un nudo en la garganta, cerré el portón por última vez. Más tarde me despedí de mis papás, pasaron por la casa para darnos un beso, ahí sí que tuve deseos de abortar el plan... me iba para siempre, no era más un propósito lejano, no era un juego de mi imaginación, a mi edad y con mi propia familia, no podía ir para regresar al poco tiempo vencido, me iba y no había posibilidad de volver.... para siempre, pasara lo que pasara, viniera lo que viniera.
Durante mucho tiempo intuí que iba a ser difícil irme alguna vez, tenia miedo de ese momento,el preciso instante... la partida, creo que es como el último aliento, el ultimo respiro, la ultima bocanada de aire antes de dejar este mundo.
Para asegurarme de mi eventual partida, durante años le informe a cuanto pude que me iba para darle una mejor vida a mis hijos, seguro hasta acabé por hartarlos ponderando todas las ventajas de la tierra prometida sobre las calamidades de nuestro país, la honestidad, los valores, la inseguridad, etc.etc.etc... De esa forma, pensé, no había manera de acobardarme en el último momento, de echarme para atrás, tenía que cumplir con mi palabra.  < Para brincar al otro lado de la cerca hay que tirar primero el sombrero, en seguida de eso ya no se puede hacer nada más que ir tras él......Cuando eso sucede ya estás del otro lado aunque sientas que te falta el valor.> Después de esas peroratas siempre pensaba….Hay que tirar el sombrero.

Ese dia descubrí que no, no hay forma de evitar esa sensación de no sentirte listo para partir, ni siquiera para un pequeño viaje, nunca, jamás para un cambio asi como ese, un cambio absoluto, brutal... otra vida. No hay otra manera de saberlo, tienes que vivirlo, no importa cuánto tiempo pase desde que se planeo el viaje, nunca estas ni estarás listo. No puedes hacer nada más que cortar, desprenderte, desgajarte, desgarrarte. Hay que partir sin mirar para atrás.... Aún cuando ese sea un anhelo tan largamente acariciado.


Parece increíble, pero para hacer todo más difícil y doloroso aún, hubo un ingrediente extra……..faltaban apenas 5 días para navidad.

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