miércoles, 28 de julio de 2010

LOS NUEVOS SOBERANOS.

Un dedo y la fuerza física precisa para jalar un gatillo, nada más se necesita, valor…No… rara vez, miedo… casi siempre.

El principio se remonta a los tiempos en que bajamos de los arboles, ahí empezaron los problemas, o quizá antes.

En aquellos tiempos se imponía la ley del más fuerte, del más violento, este simplemente arrebataba lo que le gustaba, vivía a costa de los demás, sin ningún reparo, sin conciencia, como el bruto que era. Poco a poco se impuso a sangre y fuego, los demás atemorizados evitaron la violencia y simplemente entregaron el poder a su verdugo y trabajaron para él, le pagaron tributo y lo dejaron crecer en estatura, acabaron por investirlo rey y soberano…... Le entregaron el derecho a disponer de sus vidas.

La civilización había nacido y siguió su curso, con el paso del tiempo todo tomo forma, un gobierno, un sistema político, económico y social. Entonces hubo otros que intentaron robar a los ya robados, lesionando asi los intereses del tirano-rey y nacieron entonces nuevos códigos que se convirtieron en leyes protectoras de los más débiles, del producto del trabajo de los mismos…… finalmente de la riqueza del amo. Era la época feudal donde había la necesidad de castigar para prevenir, castigar directamente en el cuerpo del infractor, un castigo proporcional a la falta, castigo público para escarmiento de la sociedad, ésta horrorizada por los sanguinarios correctivos donde la pena mayor consistió en cortar la cabeza también se sintió protegida por su estafador primario quien a estas alturas ya tenía investidura divina y por tal motivo el derecho junto con su camarilla y familiares a seguir haciendo su real gana.

Con el nacimiento de la burguesía y el capitalismo hubo la necesidad de una certeza jurídica motivada por la acumulación del capital. Ahora era el tiempo de la ilustración y este modelo filosófico quedo consignado en el contrato social. Los hombres cedieron al estado parte de su libertad para proteger sus bienes y derechos. El poder del rey, de los terratenientes y de la iglesia se vio acotado, sin embargo el pueblo siguió confiando en el soberano para que él limitara y castigara, pero ya no más a su libre juicio. El castigo físico se cambió por privación de la libertad, confinamiento, había que apartar de la sociedad a quien, o quienes la dañaran, otra vez para protección del más débil, de los bienes…. en favor del estado.

Un nuevo cambio se gesta, ya sucede…. Motivaciones, las mismas…. Transición a sangre y fuego ahora con un nuevo elemento, surge justo en el estadío más encumbrado de la civilización, con la ayuda de la ciencia, de la tecnología, con armas infinitamente más refinadas, con una extensísima y gloriosa parafernalia, pero lo que vuelve esta circunstancia en algo casi mágico es la conversión en gobierno de personajes oscuros surgidos de las filas de la delincuencia ahora elegidos en las urnas por el voto ciudadano. La democracia a su servicio permitiendo la infiltración. Hemos andado en círculo, habremos de entregar el poder a nuevos soberanos, más violentos, mas animales, mas brutos que aquellos que estaban bajando de los arboles en aquella lejana época. Nuestra sociedad aterrorizada e indefensa entrega a los nuevos soberanos el poder sobre nuestras propias vidas.

Habremos acaso nacido exactamente en la época en que la sociedad llegó al punto inicial.

Caminar y caminar en una búsqueda extendida por una larguísima circunferencia de miles de años...

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