jueves, 4 de noviembre de 2010

La muerte se murió.

Este año la muerte se murió. La mataron, no hubo celebración, la que espanta se murió de miedo.

A diferencia de muchos, muchísimos años, hasta los panteones estuvieron medio solos. La celebración del día de muertos dejó de ser una tradición festiva. Las condiciones que estamos viviendo en México, así obligaron.
La fiesta popular  inició en estas tierras paganas siglos antes de la colonia, paralelamente en Europa el ritual católico marcó en el calendario el 2 de Noviembre, en el año 998 al instituir el “Día de los Fieles Difuntos", uniendo asi las celebraciones de "Halloween y la de Todos los santos.” La posterior mezcla de ambas culturas parió la nueva raza mestiza, que como herencia, amalgamó un sinmumero de las antiguas tradiciones de las dos vertientes. En toda su rareza, en cada uno, nuestros usos y costumbres encontraron espacio para incluirlas a ambas, así, tan distintas e irreconciliables. A la ofrenda tradicional de los indigenas, se les adicionó la imagen de algún santo católico. Este es el principio de los altares de muertos. Esta fiesta pagano-religiosa,  se convirtió quizá en la más importante y representativa del inconsistente pueblo resultante. Inconsciente, desparpajado e irreverente, en este día quizo, y se mostró por siglos, a través de un enrarecidamente festivo espíritu, yendo al extremo, al reír, cantar y bailar, con todo y mariachi, alcohol y comilona, precisamente en la fecha que da representación a lo más temido por cualquier ser humano. Fiesta singular, única en el mundo, al mostrar toda esa irreverencia y ausencia de temor por la desaparición del ser individual y colectivo de esta vida.

En esta ocasión no fue lo mismo, en esta ocasión las imágenes de calaveras dientonas, sonrientes, vestidas de festejo, a veces cómicamente fragmentadas, fueron cambiadas en la mente de los mexicanos, y a lo largo de todo el año, por imágenes autenticas  de seres humanos horriblemente mutilados. No en papel picado, no en grabados. No, ahora en fotografías explicitas de cuerpos, o de las diez o doce parte en las que los convirtieron, apiladas y acomodadas simétricamente, unas sobre otras, en cualquier calle del país, durante esta cruenta matanza en la que se ha convertido nuestra cotidianidad.

Nunca me quedó claro porque queríamos demostrar, o demostrarnos que no le temíamos a la muerte, o peor aún, porque no respetámos la vida. Todo cambia, la vida, esa misma vida que no hemos sabido respetar, como siempre espera el momento, sabe darnos una lección, y  tarde o temprano nos empuja a reflexionar. Aunque de sobra sé, que apegados a nuestra tradición, seguramente con el tiempo vamos a pretender que este día no fué como realmente lo fué, así como seguimos pretendiendo que esta matanza no es tan grave.

Este año, Sí la vimos cerca, y ahora sí nos dió miedo. Esta vez no la celebramos, esta vez sí la sentimos. Dejó de estar lejana, dejó de ser una tradición,….se convirtió en una realidad…….. Eso ya no es chistoso.

Más nos vale empezar a celebrar la vida.

1 comentario:

  1. La verdad la cosa esta fea y como que se va acostumbrando uno,pero ay! de nosotros el día que ya nada nos impresione, será el camino sin retorno a la bestia que yace dentro nuestro.

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